Tolerancia a la frustración

Todos hemos vivido, e incluso hemos protagonizado, una rabieta infantil al no conseguir lo que se desea. Es en esta etapa cuando hay que comenzar a trabajar la tolerancia a la frustración

A todos nos gustaría que la vida fuera más fácil, que todo nos lo dieran hecho, que nuestra vida estuviera compuesta exclusivamente de cosas agradables y que pudiéramos conseguir lo que deseamos en ese preciso instante. A pesar de que algunos tengamos claro que esto forma parte de una utopía, hay gente que de verdad cree que así debe ser la vida. Cuando esto se da en la fase adulta, puede que la raíz del problema esté en la infancia.

Un niño que consigue todo lo que quiere con la ley del mínimo esfuerzo y que no ha tenido unos límites, puede crecer con la idea de que todo se lo darán hecho, la vida será cómo él la desee, no desarrollará la capacidad de resolver sus problemas y evitará situaciones desagradables por no tener los recursos necesarios para enfrentarlas.

Es aquí cuando la baja tolerancia a la frustración hace acto de presencia.

Las personas con baja tolerancia a la frustración:

– Reaccionan de forma desmedida ante contratiempos o situaciones desagradables.

– No gestionan de forma adecuada el estrés.

– Son insistentes cuando se trata de que otros satisfagan sus deseos, impacientes y tienen la idea equivocada de que son los demás o el entorno los responsables de sus desgracias.

– Tienden a dramatizar, se consideran víctimas.

– Y tienen miedo al fracaso y a que las cosas no salgan como ellos desean.

Algunas de las emociones que experimentan son ansiedad, estrés, ira, resentimiento, humillación, tristeza.

Como consecuencia a esta actitud, muchas veces estas personas abandonan sus proyectos y objetivos ante cualquier contratiempo, por no ser capaces de gestionar el malestar que esta situación les provoca. Y esto les lleva a no alcanzar nunca sus metas y a no realizar sus sueños, lo que podría derivar en un estado de depresión u otros trastornos mentales.

Detrás de todo esto existen unas ideas irracionales, de las cuales ya hablamos en su día. Nuestro pensamiento siempre influirá en cómo afrontemos la vida, y en nuestra actitud y emociones. Por ello es importante comenzar trabajando las ideas que tenemos sobre el fracaso, el estrés, las situaciones desagradables.

¿Qué hacer cuando tenemos baja tolerancia a la frustración?

– Revisar nuestro pensamiento y los mensajes que nos mandamos. Desterrar la idea de que todo tiene que ser perfecto y permitirnos fallar y cometer errores. La vida no es fácil, la frustración siempre estará presente pero todos los obstáculos, imprevistos y fracasos nos harán más fuertes si aprendemos de ellos y no nos dejamos vencer. Lo importante es enfrentarnos a la situación y adquirir una actitud activa en vez de bloquearnos, quejarnos, frustrarnos y abandonar. Puede que el primer paso no nos lleve a donde deseamos pero quizás el siguiente sí lo haga. Hay que seguir luchando y aceptar que las cosas no siempre saldrán como esperamos.

– Ante una situación indeseada lo mejor es barajar alternativas. En vez de dejarnos llevar por la ira o el estrés, podemos respirar hondo y estudiar caminos diferentes para alcanzar nuestra meta (siempre y cuando ésta sea alcanzable y realista).

– Cuando nos proponemos un plan para conseguir un objetivo, a veces caemos en el error de querer subir la escalera que nos llevará al éxito de un solo salto. Si dividimos esta escalera en escalones, podremos avanzar poco a poco e ir cumpliendo objetivos más alcanzables. Y si es necesario volver al escalón anterior para corregir algo y coger impulso, lo haremos.

– Y por último, dejar atrás las necesidades y sustituirlas por deseos. Cuando nos decimos a nosotros mismos que necesitamos algo, ésto se convierte en obligatorio e imprescindible, y normalmente no puede esperar. De este modo, si no lo conseguimos de inmediato, aparece la frustración y sus consecuentes emociones. En cambio si hablamos de deseos, éstos pueden verse como un objetivo a alcanzar a largo plazo y paso a paso, lo que nos permite ser más pacientes y reducir los niveles de estrés.

Espero que estos consejos te hayan ayudado si este es tu caso. Recuerda que cambiar es posible, nunca es tarde. Te mereces estar en paz, llevar la vida que deseas y ser quien quieras ser. ¿Quién quieres ser? Cuéntamelo 😉

Gracias por estar ahí, que tengas un día increíble y ¡a ser feliz!

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