Filosofía de vida y punto de inflexión

Segundo blog….primera entrada. Hoy me decido a comenzar con esta nueva aventura. Como decía, no es mi primer blog pero sin duda este es diferente, enfocado a algo más que un simple entretenimiento.

¿Cómo he llegado hasta aquí? Todo comenzó después de mi primer Camino de Santiago. Algo cambió, algo que tendría que haber cambiado hacía muchísimo tiempo. Recuerdo estar en la estación de Santiago, esperando al tren que me llevaría de vuelta a casa, y sentía la tensión en mi mandíbula, ojos llorosos, ansiedad y tristeza. ¿Por dejar esa aventura? quizás. ¿Por dejar de ver a esas personas que has conocido y se han vuelto tan importantes en cuestión de días? puede. ¿Por volver a tu “vida real”?…….

En ese preciso instante entendí lo que pasaba, no quería volver para que todo fuera como hasta entonces. Mi cuerpo me intentaba decir algo y yo, por fin, le escuché. Ese fue mi punto de inflexión. Ese momento o esa experiencia que hace que tu vida tome otro rumbo debido a una importante decisión.

Los días posteriores a mi vuelta fueron duros. Hacía tiempo que no tenía una crisis como aquella. La cosa se alargó durante un par de semanas hasta que dije ¡Basta!, y fue ahí donde cogí las riendas de mi vida y espero no volver a soltarlas nunca.

Tuve una adolescencia complicada, fue cuando pasé por la que yo considero mi primera crisis, aunque es normal teniendo en cuenta la edad. Salí airosa de aquello, gané en fortaleza y cogí impulso para la mejor etapa que he tenido hasta ahora: la universidad. Durante esos años aprendí mucho, cambié, mejoré y mi filosofía de vida comenzó a formarse. Supongo que el hecho de estar cursando la carrera de Psicología también me ayudó a conocerme y a madurar. Decidí entonces que empezaría a mirar la vida desde otras lentes, tomaría distancia en los momentos difíciles para verlo todo desde otra perspectiva, viviría al máximo, haría lo que me diera la gana siempre que no lastimara a nadie ni a mí misma y sacaría lo positivo de todo. Intentaría cada día ser muy feliz y disfrutar del momento. Y así ha sido, lo he intentado, pero he flaqueado muchas veces. Es complicado no hacerlo.

Mi segunda crisis la tuve durante una relación sentimental. Perdí totalmente las ganas, la pasión y el interés por todo lo que hasta entonces me apasionaba y/o interesaba. La culpa fue mía, toda mía, por alargar algo que estaba condenado al fracaso. El día que me dí cuenta de mi apatía y de que ya no era yo, tomé la decisión y terminé con aquello. Gran decisión, que costó mucho tomar pero que sabía que las consecuencias serían todas positivas.

Después de aquello todo fue sobre ruedas, sin cosas demasiado extraordinarias pero bastante feliz. Hasta que en 2013 una persona muy importante en mi vida fue diagnosticada de un cáncer terminal y falleció a los dos meses. Sin duda lo peor que me ha pasado en la vida, pero siendo fiel a mi positivismo y mi afán por aprender de cada experiencia que vivo, decidí que tenía que actualizar mi filosofía de vida y cumplirla a rajatabla. Así que ahora vivo más intensamente si cabe, le doy a la vida la importancia que realmente tiene, intento no quejarme en exceso, relativizo al máximo (concepto del que algún día os hablaré), disfruto de cada momento y valoro los pequeños detalles y placeres de la vida. Y todo ello por una sencilla razón, por que hoy estoy viva, mañana no lo sé.

Por ello, salir de mi tercera crisis no fue demasiado difícil, por supuesto me costó días de tristeza e inquietuz, pero me puse manos a la obra muy rápido, y eso fue gracias a mi filosofía de vida, al sentido que le doy a mi existencia, a mis prioridades. Lo importante es ponerse en marcha, dar el primer paso y pedir ayuda. Si has llegado hasta aquí es buena señal, lo estás intentando, buscas una respuesta, una solución. Y espero de corazón que la encuentres. En todo lo que pueda ayudarte, lo haré. Es mi intención con este blog, contar de primera mano mis vivencias y arrojar algo de luz al camino de aquellas personas que ahora lo ven oscuro.

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